"Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda." (Mario Benedetti)
La verdad es que coincido bastante con Mario Benedetti en esta frase. La mayoría de las veces en que me pongo a debatir conmigo sobre la existencia de Dios , y no me refiero a ningún Dios en particular, sino refiriéndome a algún ser superior, me cuesta ponerme de acuerdo. Los peor de todo es que a pesar de llegar a una conclusión, al día siguiente en que me pongo a pensar sobre el tema, suelo contradecirme en relación a la conclusión que había llegado la última vez.
Igualmente, tal como dice Mario Benedetti, no creo que si existiese ese Dios, se molestara porque yo dude de su existencia. Él más que nadie debería saber entender las dudas que representa creer en su existencia ante determinadas situaciones, y más a un ser tan racional como suelo ser yo muchas veces.
Relacionado un poco con lo anterior, y enfocándome más en el título de esta entrada, también me surgen dudas acerca de la existencia del destino. Es decir, si nuestro camino está predeterminado, y todo termina sucediendo por algo. La realidad es que suelo inclinarme casi siempre más por creer en el libre albedrío que en la existencia de ese ser superior que tiene pensada una “misión” para cada uno en este mundo.
Por lo tanto, si solo tuviera que responder con un “si” o con un “no” acerca de si creo en el destino, me inclinaría por la segunda respuesta. El problema surge cuando no creer en el destino resulta contradictorio con otros pensamientos.
Por ejemplo, me resulta muy difícil al mismo tiempo no creer en el destino, pero si creer en el amor para toda la vida, creer que existe esa persona especial y única que nos complementa y hace que a partir de conocerla nuestros días sean mucho más felices.
Si no creo en el destino, la probabilidad de que esas dos personas se crucen en este mundo sería casi imposible. No solo coincidir en un tiempo determinado, que no sería poco, sino encontrarla entre las 7.000.000.000 de personas que somos en este mundo. Entonces esas personas que dicen haberlo encontrado, si no es por obra del destino, o bien la casualidad estuvo a su favor, o ese amor probablemente lo podrían haber sentido también por otra persona.
Por lo tanto, o bien creo en el destino y en la existencia de esa persona especial con la cual me cruzaré (si aún no lo hice) o no creo en el destino y espero que se den esas casualidades, que son menos probables que ganas 5 veces seguidas la lotería.
P.D.: Todo lo dicho anteriormente puede ser contradicho por mi mismo en cualquier momento, tanto lo de creer en el destino como en el amor para toda la vida.